Historia de Can Amat

La historia de una familia

 

Es una masía señorial que fue fundada en el año 1600.

 

En el invierno del año 38 al 39, es requisada por el señor: “Lister”, “El campesino” en su huida hacia Francia. Su estancia en la finca es de 3 meses y medio escondiendo para refugiarse y ocupando las habitaciones principales con su estado mayor, en una de las paredes del actual salón modernista en las que ya existían algunas de sus pinturas. Uno de sus soldados aficionado a la pintura se añade un bastón en uno de los angelitos y una garrafa de vino y un vaso pintando la nariz de rojo que aún se conserva en perfecto estado.

 

Todas las casas, tenían símbolos exteriores de identificación: “La Encina”. En su parte principal posee un bello ejemplar, para identificarla como casa de acogida para los transeúntes que por aquella época y por estos transitaban. La encina es uno de los ejemplares más bellos y antiguos de Cataluña, que según los estudios realizados, se considera casi milenaria.

 

La fachada principal, está orientada a la montaña de Montserrat. Tiene dos relojes de sol con una inscripción que dice: “Yo sin sol y tú sin hacer, Ambos no somos nada”.

 

Todas las habitaciones contaban con baño y bañera de cerámica. La mina y red de agua, son dignos de admiración y estudio por lo avanzado de su época.

 

Toda la propiedad se transforma en urbanización a finales de los años 60 la piscina y “solarium”, es hoy en día un salón denominado de verano. Su capilla está cerrada al culto, siendo su patrón “San Jorge”. Sus cocinas, eran “cobieles” de vino hechos de cerámica.

El salón “Celler”, es hoy en día un salón rústico catalán, destacando sus armaduras trabajadas en madera de Melis. Se conserva su estructura original, aunque sufre algunos cambios para su adaptación a las funciones que cumple cada día.

 

Casa de labradores fecha en el año 1600, la última reforma data 1929 realizada por el abuelo Ribot. Can Amat, tubo su gran época de auge. Mediante la exportación del principal producto de la comarca “el vino”, promovió gran riqueza para toda la comarca. El agua, importantísima para el desarrollo de la zona, provenía de una preciada mina acuífera, que hoy todavía existe y la que otorgaba vida y fortaleza en viñedos y otras plantaciones. Esta se encuentra dentro de la actual propiedad de Can Amat.

 

En la propiedad que hoy se conoce por Can Amat, existían cinco viviendas habitadas por masoveros, los cuales se encargaban del cuidado de las tierras y de la mansión. La curva ascendente del proceso de esta gran mansión, se ve rota por la devastadora plaga de 1860, “la piloxsera”.

 

Provocó el abandono de tierras y propiedades a la investigación, por parte de sus habitantes, de la recuperación económica en la gran urbe (Barcelona). La mansión de Can Amat, quedó totalmente abandonada hasta 1920, cuando el Sr. Cepillo, padre de D. Josep Ribot Diez, la reformó por completo y la habitó hasta nuestros días.

 

Sin que antes sufriera una nueva plaga, la revolución industrial, en los años 60 provocó la migración, que fue la última vez destructor de aquella esplendorosa riqueza. Importante a destacar de esta sobria mansión, es la vinculación existente con la familia Diez, de importante influencia dentro de la burguesía barcelonesa, mediante la unión matrimonial de las dos familias.